Cuidar, recibir cuidados y el autocuidado son derechos humanos

Recibir cuidados, cuidar a otras personas y el propio autocuidado, forman parte de las distintas etapas de nuestras vidas. La posibilidad de cuidar implica tiempo, recursos, organización y trabajo, y para ello es necesario el reconocimiento y la garantía de derechos.

El 29 de octubre, las Naciones Unidas conmemoran el Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo, una fecha que busca reconocer la importancia de los cuidados para la sostenibilidad de nuestras sociedades, así como promover e impulsar la inversión en sistemas de cuidados sólidos, inclusivos y accesibles, que respeten los derechos humanos e incorporen una perspectiva de género.

En 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) reconoció el cuidado como un derecho humano autónomo, interdependiente y exigible, en respuesta a la solicitud de Opinión Consultiva presentada por Argentina en 2023 con la que se buscaba reconocer el derecho a cuidar, a recibir cuidados y al autocuidado, y destacaba la responsabilidad de los Estados de adoptar medidas para garantizar su ejercicio efectivo.

Los cuidados no se distribuyen de manera igualitaria

En nuestras sociedades los cuidados se encuentran desigualmente distribuidos. A nivel mundial, en promedio las mujeres destinan 2,5 veces más horas por día que los hombres a estas tareas. En Argentina, mientras el 91,7% de las mujeres realiza tareas domésticas y de cuidado, destinando en promedio 6 horas y 31 minutos diarios, la participación de los varones desciende al 75,1%, y el tiempo dedicado se reduce prácticamente a la mitad, con un promedio de 3 horas y 40 minutos por día.

Esta distribución desigual reproduce brechas de género e impacta en la participación de las  mujeres en el mercado laboral, en sus oportunidades y en sus ingresos.

Los cuidados también sostienen la economía

Por otra parte, en los últimos años se ha comenzado a medir el valor económico de este trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, que permiten el funcionamiento de la economía. En la provincia de Buenos Aires su aporte equivale al 29,3% del Producto Bruto Geográfico, superando en magnitud a los sectores más dinámicos de la economía bonaerense, como la industria manufacturera y el comercio.

Cuidar no debe ser una responsabilidad exclusiva de las mujeres

Promover la corresponsabilidad de los cuidados entre los géneros y los distintos actores sociales requiere desafiar normas sociales y desarmar estereotipos cotidianos. De acuerdo a la encuesta  “Los cuidados en el ámbito laboral” realizada por la Defensoría (2022), un 22,4% de los padres no se tomaron la licencia por paternidad pese a corresponderle, manifestando como principal motivo “no considerarlo necesario”. Asimismo, frente al uso de la licencia por paternidad y de cuidado familiar, la existencia de reacciones negativas provenientes mayoritariamente de compañeros varones y personal jerárquico; entre los comentarios peyorativos, relatan: “dominado”, “de esas cosas se encargan las minas”, "ay… ahora trabaja de enfermero", “si la que lo tuvo fue tu señora” y “que soy mariquita y que eso lo hacen las mujeres”.

Estas reacciones bajo el formato de “bromas” continúan asociando a las mujeres con capacidad “natural” para los cuidados y a los varones para el trabajo productivo. Las mismas, disciplinan conductas, juzgan y pueden desalentar la utilización de las licencias, y el ejercicio de estos derechos.

Cuidar en contextos de endeudamiento: una carga que se profundiza

En 2026 la Defensoría presentó el informe “Hablemos de deudas: una mirada sobre el endeudamiento con perspectiva de género”. El relevamiento busca conocer y analizar las características del endeudamiento en los hogares bonaerenses desde una perspectiva de género, considerando sus modalidades, finalidades e impactos en las condiciones de vida de los hogares. Dentro de sus resultados, se observa que la toma de créditos y/o préstamos se incrementa en hogares con integrantes que requieren cuidados (pasa del 53,5% al 82,6%).

Entre las estrategias de los distintos hogares para afrontar las deudas, se menciona principalmente el restringir el consumo e intensificar las horas de trabajo. Estas opciones entran en tensión en aquellos hogares con niños/as, adolescentes y adultos/as que requieren cuidados, y donde el sostén es sólo una mujer, lo cual implica poder coordinar horarios sin desatender esta responsabilidad.

Cuidar también es acompañar a distintas generaciones

Además del cuidado de niñas, niños y adolescentes, también surgen relatos que manifiestan el cuidado intergeneracional, hacia adultas y adultas. El descenso de la natalidad, junto al aumento de la esperanza de vida, transforma la organización de los cuidados.

Un estudio de la Universidad Austral advierte que una de cada cinco personas encuestadas (20,4%) cuida a algún familiar. Entre estos/estas, es similar el peso del cuidado a menores de 18 años (52%) que hacia madres, padres, suegras y/o suegros (55%). Asimismo, resaltan que quienes cuidan a las dos generaciones son, en su gran mayoría, mujeres que además trabajan.

Cuidar debe ser una responsabilidad compartida

En un contexto social, cultural y económico atravesado por desigualdades, resulta fundamental promover y fortalecer políticas públicas integrales y servicios de cuidado accesibles y de calidad, que garanticen el ejercicio efectivo del derecho a cuidar y a recibir cuidados.

Es necesario avanzar hacia una organización social del cuidado más justa y corresponsable, y que esta tarea no recaiga exclusivamente en las familias y, particularmente en las mujeres, sino que haya una participación activa y articulada del Estado, las familias, la comunidad y el mercado.

Asimismo, garantizar este derecho implica impulsar licencias parentales más equitativas y políticas laborales que favorezcan la participación activa de los padres en la crianza y el cuidado de sus hijas e hijos, e incluso adultas y adultos mayores de la familia.

Por último, resulta indispensable visibilizar y reconocer el valor social y económico del trabajo de cuidados no remunerado, históricamente invisibilizado y distribuido de manera desigual. Para ello, son imperiosos los espacios de sensibilización en ámbitos laborales y comunitarios que permitan cuestionar los estereotipos de género, transformar prácticas culturales que reproducen estas desigualdades y construir entornos más inclusivos, donde todas las personas puedan ejercer sus responsabilidades de cuidado en condiciones de igualdad.

En esta línea, la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, mediante la Dirección de Políticas de Igualdad, impulsa acciones de investigación y producción de información que permiten visibilizar las brechas de género y las desigualdades estructurales que afectan a las mujeres. A su vez, promueve instancias de formación y sensibilización destinadas a fortalecer la igualdad de oportunidades, reconocer el valor social de las tareas de cuidado y fomentar una distribución más equitativa de las responsabilidades, incorporando la perspectiva de género en los ámbitos laborales e institucionales.